Entrevista publicada originalmente en interferencia.cl

Texto: Camila Higueras.

Isadora Romero es ecuatoriana, tiene 32 años y ha recorrido América Latina con cámara en mano. Estudió cine en el Instituto de Artes Visuales de Quito y haciendo un taller de fotografía descubrió que el lenguaje fugaz de estas imágenes le fascinaba.

Así partió rumbo a Buenos Aires donde se licenció de fotógrafa en la Universidad de Palermo en 2014 y desde entonces ha encontrado sus tópicos en las comunidades marginalizadas, lo desconocido y las mujeres. Historias que no llegan a las primeras planas de los periódicos.

Se considera feminista y rescata las historias, rostros y luchas de las mujeres que mantienen en pie a sus comunidades. Por eso fundó el Colectivo Ruda, que agrupa a once mujeres fotógrafas latinoamericanas. En ese sentido, dice que la motiva día a día la lucha silenciosa que se vive cotidianamente para continuar desarrollándose en un oficio que históricamente ha ignorado a la mujer.

Actualmente se encuentra en Chile estrechando lazos con la comunidad de fotógrafos del país, en una residencia del colectivo Migrar, en la zona de sacrificio Quintero-Puchuncaví. Estando ahí, Romero cree firmemente que los latinoamericanos tenemos que contar nuestras propias historias, pues sabemos desde dónde queremos hacerlo. «Esta es una historia urgente de contar», dice respecto al lugar, a la espera de que sus fotos hablen más elocuentemente, más tarde.

– Gran parte de su trabajo se vincula con las mujeres y sus territorios ¿Por qué?

– Cuando llego a un lugar nuevo, en seguida me conecto con las mujeres. Me interesa la lucha femenina, porque creo que la historia ha dejado de lado a las mujeres siempre. Entonces una cosa que es constante en mi trabajo, y que quiero seguir manteniendo, es realzar esta lucha que hacen las mujeres. Quizás no es como una lucha de armas tomar y estar al frente de una batalla, pero sí que es una lucha cotidiana que hemos llevado por milenios. Me interesa mucho hablar de esa lucha cotidiana, que finalmente es resistencia.

He estado en varios países realizando trabajos con mujeres. En México estuve en una residencia. Ahora estoy puliendo un trabajo que hice en Paraguay con mujeres que resisten el agronegocio. Y bueno, también en Ecuador, que es donde trabajo la mayoría del tiempo. Pero sí, me gusta moverme y esos son los temas que me interesan.

– Hasta ahora su trabajo se ha centrado principalmente en los conflictos latinoamericanos ¿Cómo se fue haciendo un lugar en este tema?

– Empecé a explorar la manera en que me gustaba narrar. Yo venía de hacer cine de ficción y de cierta forma encontré un lenguaje que viene de esa fusión entre la ficción y el documental. Así también me fui metiendo en ciertas problemáticas que me interesaban y fui descubriendo también mi estilo. Todo está ligado con luchas y resistencias sociales latinoamericanas.

Ahora estoy bastante enganchada con un trabajo que hice en Paraguay.  Me gustaría ver la manera de volver porque siento que ese es un lugar que está muy inexplorado, casi no se habla de lo que sucede ahí. Se sabe muy poco y las inequidades y las injusticias son atroces. Ahí tuve la oportunidad de ir y conocer los problemas, además de convivir con mujeres que están resistiendo desde ese lugar.

Eso me marcó mucho, porque antes los proyectos que hacía también trataban de dar visibilidad a comunidades que no estaban tan representadas o que estaban representadas desde la folclorización o el victimismo. Pero desde que fui a Paraguay, siento que asumí la responsabilidad que tengo de ser una mujer privilegiada y que tengo acceso a medios para contar historias.

– ¿De qué forma le han servido las herramientas de la fotografía para poder expresar su identidad como feminista?

– Para mí la foto es también una forma de vivir y ocupa todos los sentidos de mi vida. Narrar desde lo femenino, reivindicar las luchas femeninas, reivindicar la cotidianidad, reivindicar los procesos creativos femeninos que muchas veces distan de los masculinos.

Además trato de achicar la brecha que existe en el mundo laboral fotográfico en relación a lo masculino y a lo femenino. Fundé un colectivo que se llama Ruda Colectiva, que es de fotógrafas latinoamericanas. Nuestra intención es justamente promover el trabajo de mujeres fotógrafas en este espacio de Latinoamérica y contar las historias que nos interesan desde nuestra visión.

También he asumido muy fuerte el denunciar e informarme sobre ciertos abusos que han existido en nuestra industria. Ahora estoy ayudando a organizar un workshop de mujeres fotógrafas mundiales que se va a dar en Quito al final de este año.

Creo que en realidad la lucha feminista tiene que ver simplemente con llegar a estar en espacios de equidad. Realmente, casi todo mi trabajo se mueve hacia allá.

– ¿Cuáles son los principales conflictos que se le presenta a una mujer que se dedica a la fotografía en relación al trabajo en terreno y la dinámica con los otros colegas?

– Hay varios ejes. Uno es que desde que empiezas a trabajar para un medio existe un tipo de discriminación. Justamente ahora con Ruda estamos llevando a cabo una encuesta para determinar cuál es el panorama de las mujeres en la fotografía en América Latina.

En un primer filtro, hay un montón de discriminación dentro de los medios para asignar trabajos. La organización Women Photograph entregó el dato de que alrededor de un 15% de las fotografías realizadas a nivel global para los principales medios de comunicación son hechos por mujeres. El resto son todos  realizados por hombres blancos.

Entonces, digamos que desde ahí parte la diferencia y el problema. Después, hay muchísima discriminación también para las madres que tienen hijos. Se les dificulta mucho más encontrar encargos o viajar para hacer cobertura en otros lugares, en caso de que no tengan compañeros que compartan la crianza.

En terreno también hay dificultad a la hora de estar en espacios y ambientes hostiles donde hay mucho acoso. Muchísimas mujeres fotógrafas amigas mías me cuentan que cuando van a terreno tienen que masculinizar su comportamiento para parecer más fuertes.

También hay situaciones de acoso cuando estas reporteando en terreno. No siempre, pero sí sucede mucho.

– ¿Alguna referente fotógrafa de la región que te haya impulsado a dedicarte a la fotografía?

– No en realidad. Mis referentes siempre fueron masculinos y eso también me ayudó a cuestionarme un montón de cosas. Como he dado clases durante mucho tiempo ya, siempre que pensaba en referentes para nombrarlos en ellas eran hombres. Fotógrafos fantásticos a quienes admiro hasta ahora. Pero sí que no habían mujeres en mi radar.

Ahora hago un esfuerzo doble para siempre mencionar mujeres. Sí que admiro mucho a mujeres de Latinoamérica y es por eso hicimos Ruda Colectiva. Estoy super orgullosa de trabajar con estas mujeres. Admiro mucho su trabajo y su lucha. Todas estamos en la misma página de pensamiento. Ahora son mi referente para todo.

– Considerando el incendio que está afectando actualmente a la Amazonía y la responsabilidad política del gobierno brasileño y ya que en 2017 usted realizó un trabajo en la Amazonía ecuatoriana.  ¿Cuáles son los conflictos que identifica en relación a esa zona de la región y la administración de Lenin Moreno?

– Recién vi un dato que Ecuador es el país que más ha deforestado su amazonía en el último tiempo. Nuestro problema es incluso más grave de lo que está pasando ahora en Brasil. El problema no es solo con este gobierno, ya que en el anterior se comenzaron a hacer concesiones de territorio que legalmente- por Constitución- no podrían haberse concedido a empresas extractivas.

Entonces, para que se puedan conceder territorios para el extractivismo tiene que haber una consulta previa, para que los pueblos puedan decidir si desean que eso suceda. Hay un montón de maniobras que tienen las empresas petroleras, principalmente para poder comprar a los dirigentes indígenas. Y eso pasó muchísimo durante los años 90 y a principio del 2000.

Pero actualmente, las agrupaciones indígenas se han organizado muy bien. Cada vez hay un frente de lucha más y más fuerte y que de hecho parte por las mujeres. Pero de todas maneras, es una voz que nunca ha sido escuchada.

Por eso decidí hacer el proyecto de Amazona Warmikuna. La comunidad en la que estuve fotografiando se llama Sarayaku y es la primera en ganar un juicio ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos en contra el Estado de Ecuador. Justamente por permitir estas concesiones.

Ellos ganaron el juicio y tuvieron que ser indemnizados. Con esa indemnización ellos pusieron una estación de internet y compraron una línea de avionetas para no tener que hacer carreteras en su territorio.

Actualmente, en la comunidad Achuar, las mujeres están liderando también otra batalla super fuerte. Y recientemente ganaron un litigio político que tenían con el Estado.

Entonces la lucha es de todos los días. Y es triste, porque ellos te dicen «no es que nosotros queremos levantarnos y pelear todos los días. Es desgastante para nuestras familias y para nosotros significa no poder vivir en armonía ni en la cotidianidad que quisiéramos. Pero no podemos hacer otra cosa».

Ellos sienten y piensan que por legado natural -porque son hijos de la selva- tienen que proteger también su bosque, a parte de su modo de vida.

– ¿Tiene algún proyecto en mente para cuando vuelva a Ecuador?

– Tengo dos cosas en mente. Ahora estoy estoy editando un tema que hice en la Antártida a comienzos de este año por un programa de Arte y Comunicación que tiene el Instituto Antártico Ecuatoriano. Estuve en una base militar con ellos y con científicos. Fue el lugar más extraño y hostil en el que he estado. Cada uno hablaba su propio idioma y no nos entendíamos mucho. La edición me ha tomado más tiempo de lo que quisiera porque emocionalmente estoy muy vinculada a las fotos.

También me estoy preparando para el campamento 20 Fotógrafos de este año que será en Atitlán, Guatemala, para el que quedé seleccionada.

Además, este año el workshop –o taller- anual de Women Photographserá en diciembre en Quito. Esta vez está destinado para mujeres latinoamericanas y ahora están abiertas las convocatorias en la página web. Esta organización nació en Estados Unidos. Y fue porque una vez le dijeron a una periodista que “no publicamos el trabajo de fotógrafas mujeres porque no existen”. Entonces ella creó una base de datos enorme, en donde se puede encontrar cualquier mujer fotógrafa de cualquier parte del mundo, todas de una calidad impresionante.

Women Photograph revisa estadísticas de cómo se publica en los medios, realizan workshops anuales, donde se acercan las mujeres fotógrafas y editoras de medios como National Geographic o el The New York Times. Realizan talleres acerca de cómo trabajar en ambientes hostiles y de protección y seguridad en redes. Es un taller super completo, y esta es la primera vez que se va a realizar en Latinoamérica.