El presidente hizo un anuncio y la calle respondió. Son las 12 y las cacerolas resuenan por la Alameda, de frente a la cordillera miles de hormigas caminan hacia la Plaza Italia, pero a la altura de Santa Rosa dos carros lanza aguas intentan impedirles el paso hacia el núcleo de la manifestación. El río se dispersa, pero de alguna manera se las arregla para ingresar al tramo final de la arteria capitalina.

Por Santa Lucía, miles de hinchas de Colo Colo repletan las dos calzadas cantando en contra del gobierno y las Sociedades Anónimas que controlan el fútbol. El bombo anima a la multitud y el ambiente de estadio se toma la manifestación. Mientras tanto, un encapuchado de la Universidad de Chile rocía agua con bicarbonato sobre los hinchas albos afectados por las lacrimógenas. Se saludan los barrabravas y llaman a la “unidad del pueblo”.

La hinchada logra avanzar hacia el centro de la manifestación en una columna de banderas que se abre paso por la masa, Baquedano estalla: “¡ohh lo que quiere el pueblo, que se vaya el gobierno!”, saltan miles, es difícil dimensionar cuantos: el Parque Forestal está repleto, hacia Providencia también y el Parque Bustamante alberga aún más gente que se enfrenta por los pasajes laterales con las Fuerzas Especiales. Son más de 22 cuadras llenas de gente. 

 

A punta de gases y balines de gomas los piquetes de Carabineros hacen retroceder a la multitud, los disparos paran y la lluvia de piedras ahora los hace devolverse a ellos. Las horas pasan y la gente sigue llegando, la dinámica es la misma: la primera línea de la protesta resiste y atrás la caravana cultural se desata.

Los carteles en contra del presidente, Sebastián Piñera, son los favoritos al interior de la protesta. Muñecos, dibujos, disfraces y máscaras ironizan con el mandatario y rechazan el paquete social que anunció en horario estelar durante la noche anterior. La medida más criticada es la suba en un 20% de la Pensión Básica Solidaria , que en la práctica pasaría de $110.000 (US$151) a $132.000 (US$182), “una miseria”, recalca una oficinista.  

 

Para las organizaciones sociales que convocaron a la manifestación y la huelga general, el paquete profundiza el subsidio del estado a los privados y les quita la responsabilidad con sus trabajadores. Así lo sienten desde la Coordinadora No + AFP, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la Confederación Nacional de Estudiantes de Chile (CONFECH), la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), la Unión Portuaria de Chile (UPCH) y la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC).

Para este sector, la solución al conflicto pasa por terminar con las Administradoras de Fondos de Pensiones, las famosas AFP, convocar a una asamblea constituyente para reconstruir el diálogo democrático, elevar el sueldo mínimo de  $301.000 (US$414) a $400.000 (US$550), igualar las pensiones con este monto y generar un cambio profundo en el código de aguas que termine con su privatización.

A esta altura del día, a más de 200 kilómetros, el ministro del Interior, Andrés Chadwick, enfrenta a la Cámara de Diputados en el Congreso de Valparaíso. Las diputadas del Frente Amplio, Pamela Jiles, Camila Rojas, Gael Yeomans, Maite Orsini y Claudia Mix se le acercan sosteniendo fotografías de los jóvenes asesinados, las parlamentarias de derecha reaccionan y les quitan las fotografías. Segundos más tardes, la diputada de Renovación Nacional, Camila Flores, rompe con sus manos una de las imágenes y arroja los papeles al suelo. Chadwick se ríe. 

 

La noticia pasa de boca en boca en el centro de Santiago y el video ya se esparce por Whatsapp, en twitter ya es trending topic. Por Vicuña Mackenna varios se van enterando de la escaramuza en el hemiciclo cuando por la vereda poniente pasan cinco miembros de la Cruz Roja cargando a un herido por un perdigón. Decenas de bicicletas emprenden hacia el sur y el eco de los disparos resuena a través de la avenida. 

El día transcurre y el toque de queda es fijado para las 22 horas. A diferencia de otros días, los salvoconductos para periodistas ya no serán entregados vía correo electrónico, sino que de forma presencial en alguna comisaría. El trámite se complica y se hace aún más difícil el traslado. 

 

La luz ya comienza a menguar y la masa se esparce, no hay micros y solo queda caminar. 

Fotos: Alfonso González, Catalina Juger, Eric Allende y Jorge Vargas | Migrar Photo

Texto: Pedro Pablo Ramírez | Migrar Photo

*Las fotografías corresponden a las jornadas del martes 22 y el miércoles 23 de octubre de 2019.