Hace poco más de un año, el 21 de agosto de 2018, una nube tóxica recorrió la bahía de Quintero. Desde las chimeneas de las fábricas, antiguos castillos imaginarios en sueños y juegos de infancia, el vapor se disipó hacia las calles, sin importarle las 14 escuelas, colegios y jardines infantiles que se esparcen por la comuna. 

Cientos de niñas y niños intoxicados: mareos, desmayos y vómitos. Cuatro episodios y  587 casos en menos de un mes. Angustia. La inocencia se quiebra y el vapor inocuo se transforma en pesadilla, con el estado detrás, sin respuestas y con muchas deudas, alimentando el progreso, siempre desigual, a costa de la vida y sus sistemas.  

La historia se repite a lo largo de nuestra América, pero hoy nos encontramos aquí, donde nuestros ojos piensan, buscan y reflexionan ¿Cómo volcarnos hacia la sensibilidad en la era de la hiperconectividad?¿Cómo no perder la fe y tomarle sentido al acto de comunicar?¿Desde dónde observamos y a quién le comunicamos?

Todas estas preguntas inauguran la residencia en su primer día de vida. La invitación es a romper las fórmulas internas y abandonar aquel espacio en el que nos sentimos en confianza, pero por sobre todo, a encontrar un punto de vista que nos revuelva las vísceras y nos arroje a fotografiar, como un acto de amor, rabia o denuncia.

Hace unos meses, mientras discutíamos los preparativos de este espacio, Isadora le escribió a Diego una referencia para su última publicación, un trabajo que se realizó en uno de los campamentos que giró el sentido en las agujas del reloj de Migrar: “En tan poco tiempo no se puede hacer más que ser terriblemente subjetivo, apenas rasgar una superficie para volcar mucho de lo que es uno para poder entender al otro y es así que nacen los vínculos”.

Con esta frase podríamos resumir el espíritu de las horas que han pasado, donde hemos acordado, libre y voluntariamente, la muerte de los dogmas: No existe una forma única de contar las cosas, ni tampoco una manera desde la cual partir. Un trabajo fotográfico puede comenzar desde una captura, una idea premeditada o un encargo, pero los hilos de la historia se construyen desde el lenguaje, una búsqueda que hoy echamos a correr, como hormigas que recorren la bahía, trabajando sobre los distintos modos de contar.