Arriba de los cerros, donde termina la ciudad, Valparaíso se contempla desde el aire, como si estuvieses flotando junto a las casas que se anclan en la tierra mirando hacia el mar. 

Acá la identidad porteña es esfuerzo, abandonados por el estado que vende a los cerros como destino turístico, mientras la pobreza se encumbra en las quebradas haciendo equilibrio para enfrentar las adversidades cotidianas de una toma de terreno.

Tan solo desde 2011, los campamentos y las tomas ilegales de terreno han crecido un 48% a lo largo del país, igualando las cifras de 1985, arrastrando a 40.541 familias a vivir bajo esta situación. 

Once días atrás, la chispa  el estallido se vino cerro abajo con rabia y espontaneidad, pero el gobierno respondió con sus fusiles de asalto y las botas de la infantería de marina. 

Desde entonces las protestas han continuado todos los días en el plan, pero en las quebradas la gente se replegó, las cacerolas se escuchan y los pobladores están atentos a lo que ocurre en todo el país, mientras vuelven a  sus trabajos a medio motor.  

 Pese al desgaste, la movilización social sigue siendo el tema obligado en todos los espacios. A través de las redes se viralizan las actividades del día y el llamado es a participar de asambleas locales, cabildos autoconvocados que recogen las reflexiones de los pobladores durante estos días de terremoto social. 

 Así, respondiendo al llamado, 40 vecinas y vecinos pertenecientes a tres tomas de terreno diferentes se reunieron en las alturas de la ciudad. Llegaron hasta la sede vecinal para discutir la pauta que bajó hacia los barrios la Mesa de Unidad Social, que agrupa a más de 100 organizaciones, entre ellas multi sindicales como la CUT y otras como el movimiento No + AFP.

Sobre el radier, una de las dirigentes del sector abrió la asamblea. La gran mayoría no entendía muy bien cómo organizar un cabildo, pero rápidamente comenzaron a compartirse las preguntas para la discusión a través de WhatsApp. 

 “Es impresionante, no se cuánto dure esto, pero es la primera reunión en muchos años en la que participamos tantos”, declaró un poblador histórico de la zona. 

 Antes de comenzar la discusión, pidió la palabra Milca Galea, madre de un chico brutalmente golpeado durante los primeros días de protesta. 

“Estoy acá para entregarles mi testimonio y para ofrecer el apoyo del Observatorio de Derechos Humanos porque lo que me ocurrió fue terrible, mi hijo estuvo preso durante ocho horas, en las que lo torturaron a él y a mí también, angustiada por no saber lo que le estaba pasando”, se desahogo entre lágrimas.

Las primeras palabras de la reunión giraron en torno a la seguridad, Milca relató su historia: durante el primer día de protestas, su hijo de 20 años fue detenido por Carabineros, lo trasladaron hasta la Segunda Comisaría de Valparaíso y allí, según su relato, fue golpeado en la cabeza y en todo su cuerpo. 

Las heridas y los moretones aún los mantiene, su caso lo tomó el Observatorio y sus abogadas interpusieron un recurso de amparo ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso. 

“Ahora, en este contexto, me ha hecho mucho sentido eso de que sobramos, porque para ellos somos invisibles y no les importamos, por eso tenemos que cuidarnos en conjunto”, afirmó Milca ante la asamblea. Las vecinas le respondieron con cariño y coordinaron una actividad en conjunto con el Observatorio y otras organizaciones culturales. En seguida, comenzó la discusión.

¿Cuál es el origen del conflicto actual?¿Cómo se puede avanzar en una mayor justicia social en esta coyuntura?¿Se necesita una Asamblea Constituyente para transformar Chile?¿Existen demandas prioritarias para la ciudadanía?¿Qué acciones pueden realizar las organizaciones sociales para alcanzar sus objetivos? Respondieron los vecinos.

La asamblea se dividió en tres y cerró con una plenaria en la que cada grupo presentó sus conclusiones en cada una de las preguntas, mientras una mujer anotaba en un papelógrafo el consenso alcanzado, para luego mandarlo al correo de la Mesa de Unidad Social. 

Lo más relevante para la comunidad fue la oportunidad de encontrarse, palabra tras palabra los asistentes insistían en no perder la articulación. El segundo lugar del ranking fue para la Asamblea Constituyente. 

Una vez concluida la discusión la comunidad acordó elaborar un fanzine. Se formó una comisión para continuar con el espacio y potenciar una feria de actividades, ventas e intercambios que quedó fijada para el día domingo. 

Lentamente cada uno de los vecinos se comenzó a despedir, por las quebradas y los caminos internos los asistentes se perdieron entre la noche, acompañados por las ráfagas de viento que solo se sienten en la altura.

Fotos: Diego Figueroa y Eric Allende | Migrar Photo.

Video: Diego Figueroa | Migrar Photo.

Texto: Pedro P. Ramírez Hernández | Migrar Photo.